domingo, 1 de marzo de 2020

RESEÑA: LA ESTRUCTURA AUSENTE, SECCIÓN C, EL SIGNO ARQUITECTÓNICO.


EL SIGNO ARQUITECTÓNICO
Caracterización del signo arquitectónico
Una vez sentado que la arquitectura puede ser considerada como sistemas de signos, debemos tratar de caracterizar estos signos. No obstante, no ha de ser del todo inútil comprobar hasta qué punto el fenómeno arquitectónico soporta la aplicación de otros tipos de esquemas semióticos. Por ejemplo; si aplicáramos las categorías de la semántica de Richards a la arquitectura, toparíamos con obstáculos insuperables.
Otro intento que ha dado resultados bastantes interesantes es el de Giovanni Klaus koenig (1964), que ha definido el lenguaje arquitectónico, basándose en la semiótica de Morris. Koenig se refiere a la definición del signo, según la cual, si una cosa A es un estímulo preparatorio, el cual (a falta de objetos estimulantes que originen por su cuenta la serie de reacciones), en determinadas condiciones, produce en un organismo una disposición para reaccionar con una serie de reacciones que implican comportamientos de la misma especie, en tal caso A es un signo.
Partiendo de estas definiciones de Morris, koenig observa que, si obligo a vivir a diez mil personas en un barrio proyectado por mí, no hay duda que influiré en el comportamiento de diez mil personas, de una manera más intensa y duradera que cuando uso el imperativo verbal ¨ siéntate¨, esto concluye a que la arquitectura se compone de vehículos segnicos que promueven comportamientos.

Así mismo el objeto arquitectónico no es en modo alguno un estímulo preparatorio que sustituye a un objeto estimulante, a falta de este, sino que es pura y simplemente el objeto estimulante. Koenig pone el ejemplo de alguien que detiene a un automovilista y le advierte que a los pocos kilómetros la carretera esta interceptada por un deslizamiento: las palabras dirigidas al automovilista son los signos de un donotatum que es el deslizamiento, cuyo significatum es la condición de constituir un obstáculo en aquel lugar.
¿Qué ocurre con los signos arquitectónicos?
Si el signo ha de tener un denotatum real, no denotarían otra cosa que a sí mismos, de la misma manera que no sustituirían a un estímulo, sino que lo serian ellos mismos, koenig prefiere afirmar que los signos arquitectónicos denotan algo (y quede bien claro algo que, al utilizar la noción de denotación en el sentido de Morris, no la utiliza en el mismo sentido en que la hemos venido utilizando nosotros en nuestro razonamiento, y en el que lo seguiremos haciendo en los párrafos que siguen.
La caracterización de un signo se basa solamente en un significado codificado de un determinado contexto cultural atribuye a un significante. El hecho de que una escalera me estimule a subir no tiene nada que ver con la teoría de la comunicación; pero el hecho de que esta, apareciendo con determinadas características formales que determinan su naturaleza de significante ( de la misma manera que en la lengua castellana el significante PERRO ha de aparecer como articulación de determinados rasgos pertinentes, y no otros), me comunique su posible función, esto es un dato cultural que yo no puedo establecer con independencia de mi comportamiento aparente o incluso de mi presunta reacción mental.
Es evidente que para caracterizar a un signo, una impostación de comportamiento exige un comportamiento observable y correlativo, pero he aquí lo que se pierde aceptando esta perspectiva: no podemos llegar a definir como signo lo que no corresponde a un comportamiento observable y no se sabe a qué comportamiento puede referirse.
Por otro lado, la perspectiva semiótica que se ha adoptado (con sus distinciones entre significantes y significados, aquellos pudiendo ser observados y descritos prescindiendo en principio de los significados que podemos atribuirles, y estos variando según los códigos con los cuales leemos los significantes) nos permite reconocer en los signos arquitectónicos unos significantes  descriptibles y catalogables, que pueden denotar funciones precisas, con tal que sean interpretados por medio de determinados códigos; y estos pueden revestir significados sucesivos: que, como veremos, pueden serles atribuidos no solamente por vía de denotación, sino también por vía de connotación, basándose en otros códigos.
La denotación arquitectónica
El objeto de uso es, desde el punto de vista comunicativo, el significante del significado denotado exacta y con-vecinalmente, y que es su función. En un sentido mas amplio se ha dicho que el significado primario del edificio son las operaciones que se han de hacer para habitarlo (el objeto arquitectónico denota una forma de habitar). Pero es evidente que se produce la denotación incluso sin disfrutar de la habitabilidad (y en general de la utilidad del objeto).
La connotación arquitectónica
Hemos dicho que el objeto arquitectónico puede denotar la función o connotar determinada ideología de función. Pero también puede connotar otras cosas. La gruta de que hablábamos en nuestro modelo hipotético connotaba la función de refugio, pero con el tiempo también connoto familia, núcleo comunitario, seguridad, etc. Y sería difícil determinar si esta naturaleza connotativa, esta función simbólica es menos funcional que la primera. En otras palabras, si la gruta denota (utilizando un término empleado por koenig) una utilitas, a los fines de la vida asociativa cabe preguntarse si no es igualmente útil la connotación de intimidad y de familiaridad vinculada a sus valores simbólicos.

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