EL SIGNO
ARQUITECTÓNICO
Caracterización del signo arquitectónico
Una vez sentado que la arquitectura puede ser considerada
como sistemas de signos, debemos tratar de caracterizar estos signos. No obstante,
no ha de ser del todo inútil comprobar hasta qué punto el fenómeno arquitectónico
soporta la aplicación de otros tipos de esquemas semióticos. Por ejemplo; si aplicáramos
las categorías de la semántica de Richards a la arquitectura, toparíamos con obstáculos
insuperables.
Otro intento que ha dado resultados bastantes
interesantes es el de Giovanni Klaus koenig (1964), que ha definido el lenguaje
arquitectónico, basándose en la semiótica de Morris. Koenig se refiere a la definición
del signo, según la cual, si una cosa A es un estímulo preparatorio, el cual (a
falta de objetos estimulantes que originen por su cuenta la serie de
reacciones), en determinadas condiciones, produce en un organismo una disposición
para reaccionar con una serie de reacciones que implican comportamientos de la
misma especie, en tal caso A es un signo.
Partiendo de estas definiciones de Morris, koenig observa
que, si obligo a vivir a diez mil personas en un barrio proyectado por mí, no
hay duda que influiré en el comportamiento de diez mil personas, de una manera más
intensa y duradera que cuando uso el imperativo verbal ¨ siéntate¨, esto
concluye a que la arquitectura se compone de vehículos segnicos que promueven
comportamientos.
Así mismo el objeto arquitectónico no es en modo alguno
un estímulo preparatorio que sustituye a un objeto estimulante, a falta de
este, sino que es pura y simplemente el objeto estimulante. Koenig pone el
ejemplo de alguien que detiene a un automovilista y le advierte que a los pocos
kilómetros la carretera esta interceptada por un deslizamiento: las palabras
dirigidas al automovilista son los signos de un donotatum que es el
deslizamiento, cuyo significatum es la condición de constituir un obstáculo en
aquel lugar.
¿Qué ocurre
con los signos arquitectónicos?
Si el signo ha de tener un denotatum real, no denotarían otra
cosa que a sí mismos, de la misma manera que no sustituirían a un estímulo,
sino que lo serian ellos mismos, koenig prefiere afirmar que los signos arquitectónicos
denotan algo (y quede bien claro algo que, al utilizar la noción de denotación en
el sentido de Morris, no la utiliza en el mismo sentido en que la hemos venido
utilizando nosotros en nuestro razonamiento, y en el que lo seguiremos haciendo
en los párrafos que siguen.
La caracterización de un signo se basa solamente en un
significado codificado de un determinado contexto cultural atribuye a un
significante. El hecho de que una escalera me estimule a subir no tiene nada
que ver con la teoría de la comunicación; pero el hecho de que esta,
apareciendo con determinadas características formales que determinan su
naturaleza de significante ( de la misma manera que en la lengua castellana el
significante PERRO ha de aparecer como articulación de determinados rasgos
pertinentes, y no otros), me comunique su posible función, esto es un dato
cultural que yo no puedo establecer con independencia de mi comportamiento
aparente o incluso de mi presunta reacción mental.
Es evidente que para caracterizar a un signo, una
impostación de comportamiento exige un comportamiento observable y correlativo,
pero he aquí lo que se pierde aceptando esta perspectiva: no podemos llegar a
definir como signo lo que no corresponde a un comportamiento observable y no se
sabe a qué comportamiento puede referirse.
Por otro lado, la perspectiva semiótica que se ha
adoptado (con sus distinciones entre significantes y significados, aquellos
pudiendo ser observados y descritos prescindiendo en principio de los
significados que podemos atribuirles, y estos variando según los códigos con
los cuales leemos los significantes) nos permite reconocer en los signos arquitectónicos
unos significantes descriptibles y catalogables,
que pueden denotar funciones precisas, con tal que sean interpretados por medio
de determinados códigos; y estos pueden revestir significados sucesivos: que,
como veremos, pueden serles atribuidos no solamente por vía de denotación, sino
también por vía de connotación, basándose en otros códigos.
La denotación arquitectónica
El objeto de uso es, desde el punto de vista
comunicativo, el significante del significado denotado exacta y con-vecinalmente,
y que es su función. En un sentido mas amplio se ha dicho que el significado
primario del edificio son las operaciones que se han de hacer para habitarlo (el
objeto arquitectónico denota una forma de habitar). Pero es evidente que se
produce la denotación incluso sin disfrutar de la habitabilidad (y en general
de la utilidad del objeto).
La connotación arquitectónica
Hemos dicho que el objeto arquitectónico puede denotar la
función o connotar determinada ideología de función. Pero también puede
connotar otras cosas. La gruta de que hablábamos en nuestro modelo hipotético connotaba
la función de refugio, pero con el tiempo también connoto familia, núcleo
comunitario, seguridad, etc. Y sería difícil determinar si esta naturaleza
connotativa, esta función simbólica es menos funcional que la primera. En otras
palabras, si la gruta denota (utilizando un término empleado por koenig) una
utilitas, a los fines de la vida asociativa cabe preguntarse si no es
igualmente útil la connotación de intimidad y de familiaridad vinculada a sus
valores simbólicos.
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